¿QUIÉNES NO HACEN REVOLUCIÓN?

0
90

Si descontamos a los espías, terroristas y saboteadores, en resumen a los que atentan, por cualquier vía contra la seguridad y estabilidad del Estado, cuyos actos son, en esencia, contrarrevolucionarios, nos quedamos conque los asesinos, los violadores, los ladrones (en cualesquiera que sean sus modalidades), los estafadores y especuladores no hacen Revolución.

Ni remotamente los que no engrosan los precitados grupos pueden considerarse revolucionarios, porque hacer Revolución no es una tarea fácil y, menos aún, de ejecución intermitente.

Las revoluciones que se “toman vacaciones” o “años sabáticos”, más temprano que tarde, fenecen; es algo que la historia ha demostrado de forma indubitable.

Las revoluciones no son lindas, tildarlas de “cool” y “sexys” es, en el más noble de los casos, de una inmadurez supina, si no fuera por la peligrosidad que entraña la introducción de términos “lite” que sólo sirven para disfrazar intenciones arteras.

Sin embargo, las revoluciones pueden sostenerse en el tiempo; no son los órganos de seguridad o del orden interior los que las sostienen, tampoco sus fuerzas armadas; la única condición para la supervivencia de una Revolución estriba en el apoyo de la mayoría de la población. 

Para las revoluciones, como norma, resulta natural defenderse de los enemigos externos e internos, sobre la marcha se va adquiriendo oficio y esta lucha puede desarrollarse de manera eficaz.

No obstante, existen actores difíciles de enfrentar, los que, como regla, afloran y se multiplican durante las crisis, entre ellos:

1. Los que validos de un cargo o posición, a través de influencias y oscuras operaciones comerciales, incrementan sus dineros y los de terceros interesados.

2. Los que, a pesar de estar obligados por las funciones de los cargos a enfrentar lo mal hecho, miran hacia el lado y dejan hacer, ya rendidos ante el poder corruptor de Don dinero o las “sugerencias” de otros de mayor jerarquía.

3. Los que “abrigados” en la autoridad ganada a golpe de sudor y sangre de sus ancestros, y sin mérito alguno que reconocérseles “aparecen” con dudosos recursos financieros e inician “emprendimientos” de compra y reventa de bienes de consumo o de discotecas, bares u otros de similar corte, ninguno para producir carnes o viandas.

Los que conforman los dos primeros grupos, más temprano que tarde, caen; a veces ello no sucede con la celeridad necesaria, pero caen; estos no serán nunca revolucionarios, sus acciones clavan puñales que laceran la moral y la ética de la Revolución y, no pocas veces, al caer arrastran consigo a personas otrora revolucionarias que sucumbieron a las tentaciones.

Los del tercer grupo, desgraciadamente, no siempre caen, con frecuencia lo más “severo” puede ser un regaño o una nalgadita, nada comparado al daño que provocan sus actos al minar sin piedad la confianza del pueblo en la Revolución.

¿Son muchos? No, pero igual uno solo es capaz de anular argumentos a favor de nuestro proyecto social, porque nada es peor que la impunidad o, como dijera Martí, “la justicia demorada”… esa que se vuelve contra sí.

Los que sí hacen Revolución, esos que, en palabras de la hermana María Del Carmen Hernández Carús, no salen en las noticias, las invisibles que se parten el lomo día a día en la producción y los servicios saben de qué hablo y, aún, mantienen la fe en que a ese futuro mejor posible lleguemos sin el lastre que representan estos sujetos.

¡Corneta! ¡Toque usted a degüello!

Fuente: https://www.facebook.com/100070428941181/posts/pfbid0JqL1obuTUzJikAQ8ciXevp8JjjW5nHPSNxPt8c4j3NvHrJWYQTJDtxiKuDo2aVbLl/?mibextid=Nif5oz