Modernización del Estado, otro engaño del Plan Cuscatlán

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Lourdes Argueta
Abogada

Este sábado 1 de junio se consumará el mayor atropello al llamado orden jurídico de nuestro país, con la asunción consecutiva de un mismo presidente en un periodo inmediato al anterior, en un contexto bastante conocido por la forma de ejercer control y reducir la institucionalidad del Estado a una especie de monopolio  en la labor ejecutiva.

Se trata de otro de los grandes engaños del Plan Cuscatlán, cuya promesa de modernización del Estado es otra de las trampas en las que han envuelto la confianza que ahora les da el pueblo.

Pero, ¿modernización del Estado en función de qué? ¿O para quienes? Es necesario que este punto sea analizado y se clarifique bien lo que sucede en la llamada modernización o transformación del Estado que pregonan serviles al oficialismo. Lo cierto es que el concepto de modernización del Estado, históricamente ha estado vinculado a la mutación del mismo sistema político y el modelo económico del poder dominante en la sociedad capitalista, en sus etapas de crisis, por lo que se vuelve necesario a sus intereses lavarse un poco la cara y presentarse en un nuevo frasco, pero el contenido es más de lo mismo.

El reciclaje de modelos políticos fracasados es una práctica recurrente de los discípulos del liberalismo social, que en un afán de ganar la simpatía de los ciudadanos, retoman ideas vinculadas a la justicia social y democracia, pero ya en la práctica demuestran que solo reproducen de manera más sofisticada, diversas formas de dominación social, y en nuestro país es evidente que mediante el descomunal gasto público en propaganda, y ataque sistemático a la oposición, han logrado legitimar cada medida diseñada y ejecutada en función de los propósitos de la nueva clase política gobernante.

Ese reciclaje del sistema necesita de liderazgos que cumplen una función importante para la corriente más conservadora, fundamentalista, elitista, machista y neo fascista de la derecha liberal, que avanza en América Latina, con seudo líderes que en el centro de sus intereses esta satisfacer su ego, poder, estatus, y acrecentar sus riquezas mediante el usufructos que se hace de la cosa pública y las influencias que desde ahí se ejercen, por encima de la satisfacción de necesidades reales y concretas de la población.

Sabemos que en diferentes países, hay esfuerzos por levantar ese tipo de “liderazgos” que destruyen aceleradamente los incipientes fundamentos para una verdadera democracia participativa, porque generan una ilusión o percepción distorsionada y alejada a un verdadero proceso de transformación social, y con el espejito de modernización del Estado pretenden imponer en el imaginario popular que hoy si se están haciendo cambios, y que ahora sí, se está trabajando para el pueblo. Por eso el gasto excesivo en propaganda, porque es su mayor herramienta de dominación para lograr imponerse ante la sociedad de una forma natural y sin mayores resistencias, porque saben del fracaso de las dictaduras sangrientas.

Paradójicamente, esa visión liberal necesita tomar ideas que confunden y bajo las cuales logran manipular, como por ejemplo, refundar, transformar, fortalecimiento, etc… pero también banderas de justicia social, igualdad, equidad, democracia, etc… y en el Plan Cuscatlán, encontramos algo que en contraste con la realidad, queda evidenciado que únicamente es el palabrerío sin contenido ni compromiso. En el Eje número dos de dicho plan mencionan lo de “Gobierno Abierto”, del cual afirman que se trata (entre otras cosas) de esta idea que retomo literalmente, “la transparencia y sus mecanismos derivados son una de las herramientas principales que, puestas en las manos de los ciudadanos, contribuyen al control del Estado”.

¡Qué nivel de falsedad, si este gobierno es enemigo de la transparencia, y ha destruido los mecanismos de transparencia y control social que en los gobiernos del FMLN se habían establecido, han declarado en reserva por 7 años la información concerniente al gasto público, nos mantienen en un permanente estado de excepción, bajo el cual el gobierno realiza compras de bienes y servicios sin cumplir con los procedimientos y controles que establece la Ley, y de lo que poco se dice, porque se critican los efectos colaterales del régimen de excepción a partir del tema de derechos humanos, lo cual es correcto señalar y denunciar permanentemente, pero, también, es de hacer notar los propósitos ocultos de dicho régimen.

Otro engaño del Plan Cuscatlán, es la propuesta 3, donde aluden al control del gasto público y lo resaltan como “Gasto Inteligente” y del que asumen como prioridad, estableciendo que “los recursos son limitados y que el desafío es hacer más con menos“, cuando para lo que son expertos en despilfarrar los recursos, destinándolos prioritariamente a aspectos que maquillan la realidad, en cambios estéticos y superficiales como imagen de la supuesta modernidad y transformación.

¿Qué rendición de cuentas hay al respecto? Nada, y no habrá, aunque su Plan Cuscatlán pinte una maravilla al respecto. Otro engaño del Plan es la promesa de trabajar por “un Estado que no solo asegure el mínimum vital, sino que está comprometido con el aseguramiento del pleno desarrollo humano”, siendo esto en lo que más ha quedado a deber este gobierno, para lograr que la población cuente con lo necesario para poder vivir dignamente. Han destruido la  agricultura, y debilitado todo el sistema educativo y el sistema de salud, que es donde más falencias e incapacidad han demostrado.

De qué “gobierno abierto” pueden hablar, si de los problemas reales del país no se hacen cargo, si creen que con su partido único son capaces de resolver todos los problemas de la sociedad sin ni siquiera consultarle nada, si lo que menos promueven son espacios para el dialogo permanente, aunque en su Plan Cuscatlán asuman que “la apertura del Estado hacia la ciudadanía presenta desafíos tales como el diálogo efectivo y permanente con la sociedad civil organizada y no organizada en temas públicos de su interés”.  Promoviendo el odio, jamás lo lograran.

La consigna para la izquierda seguirá siendo más formación política, más organización y movilización, pero teniendo al centro la concepción de la lucha de clases, si no es así, seguiremos siendo viables a los propósitos de la derecha imperial, una izquierda acomodada a las reglas de la democracia burguesa que ha demostrado su capacidad de “renovarse” mediante el reciclaje modernizado de sus políticas de dominación social y cultural.