Una ultraderechista reforma política en El Salvador

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Por Ricardo Ayala
Mientas los instrumentos de lucha política y social de la izquierda y su proyecto de transformación social se encuentra en crisis, la ultraderecha se encuentra a la ofensiva. Y esto no sucede sólo en El Salvador, sino que en diferentes partes del continente y el mundo. La razón principal de la ofensiva de la ultraderecha es tanto por la crisis de dominación del capitalismo neoliberal ante la emergencia de otros polos económicos, tecnológicos, militares y políticos, sino también por las insuficiencias de los proyectos políticos de izquierda circunscritos a los sistemas representativos de la democracia burguesa.

La crisis por la que atraviesa la izquierda es producto del desvarío ocasionado por la ausencia de un paradigma emancipatorio ante el vacío dejado tras la caída de la URSS y el Campo Socialista, que surgió desde principios del siglo XX como alternativa al capitalismo. Pese haber liderado el enfrentamiento contra el neoliberalismo y su ola privatizadora durante los 90s, así como ocupar gobiernos nacionales en la mayoría de los países de América Latina desarrollando una intensa política social en beneficio de las clases sociales históricamente empobrecidas, la tarea por delinear un nuevo paradigma emancipatorio que oriente su acción a corto y mediano plazo sigue estando inconclusa.

Por su parte, los conglomerados transnacionales, sus gobiernos imperialistas y los aliados locales, aprovecharon la crisis provocada por la caída de la URSS para asegurar su sistema de dominación mundial y consumir a los pueblos y sus recursos en su maquinaria metabolizadora. El sometimiento y explotación sobre los pueblos provocó resistencia y respuesta, que se conjuga con la emergencia de otras potencias económicas, militares y tecnológicas, que amenazan exitosamente con desplazar la hegemonía norteamericana en la geopolítica mundial.

La respuesta ante la crisis hegemónica del capitalismo neoliberal y el imperialismo es la salida por la ultraderecha, aquella que fue derrotada en la Segunda Guerra Mundial, en 1945, y desde entonces mantuvo un bajo perfil, agazapada a las enaguas de quienes llaman globalistas. Esta salida ultraderechista y conservadora del capitalismo ante el avance de un mundo multipolar tiene <<cabezas de playa>> en diversas partes del planeta, recientemente congregados en la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC). Su presencia mundial va desde el nazismo ucraniano de Volodímir Zelenski, el sionismo israelí de Netanyahu y su masacre en Palestina, la Italia de Georgia Meloni, el partido Vox de Abascal, en España, algunos representantes de la socialdemocracia europea traidora, la más que posible elección de Trump en noviembre próximo, la Argentina de Javier Milei, el más reciente candidato a este grotesco cuadro, Daniel Noboa, presidente del Ecuador, y la ultraderechista reforma de Bukele en El Salvador.

El próximo 1 de mayo de 2024 tomará posesión la reciente y fraudulentamente electa Asamblea Legislativa, hegemonizada por el movimiento político de Bukele (inconstitucionalmente electo) y sus partidos satélites, con lo que la cuenta regresiva para presentar su proyecto de reforma constitucional se acorta para que la actual legislatura la apruebe y la próxima la ratifique, si es que pretenden guardar las apariencias y cubrir los procedimientos establecidos por la actual carta magna.

Tal reforma constitucional pasará a establecer los nuevos procedimientos que garanticen el poder del nuevo grupo dominante liderado por el presidente y su familia, consumando la reforma política conservadora que sobre el país se cierne para beneficio de los intereses capitalistas e imperialistas. Este proceso político conservador se corresponde con el cambio de administración de la Casa Blanca que se avecina a finales de año de la mano de los republicanos, el supremacismo blanco y el proteccionismo del Estado profundo imperialista, con quienes la fuerza política dominante salvadoreña se entiende a la perfección bajo un mismo lenguaje.

Política económica neoliberal (privatización de puertos, construcción de infraestructura vial para la movilización de los bienes y servicios de la lógica mercantilista, privatización de zonas turísticas y atracción de inversión extranjera imperialista), se una a la modernización tecnológica y monetaria del Estado, así como la concentración elitista del poder y a una política exterior plegada al orden ultraderechista mundial.

Con el advenimiento republicano en el país del Norte, la luna de miel de Bukele con los países y movimientos progresistas se disipa. El giro conservador viene de la mano con una ultraderechista reforma política en El Salvador.