Como en otros momentos del pasado, el mundo parece hoy abocado a una era de profunda oscuridad. Por eso es preciso recordar que los pueblos han sabido, en cada uno de esos dramáticos momentos, evitar las catástrofes definitivas y superar lo que parecía imposible. Fueron las mayorías silenciosas -que decidieron dejar de serlo- las que lograron victorias épicas, que cambiaron rumbos y derrotaron crueles déspotas.
Hoy, en varios puntos del planeta, se desarrollan conflictos que podrían haberse evitado o resuelto. Muchos otros países soberanos son amenazados, intervenidos, abusados por matones neocoloniales, que se sienten tan superiores que pueden llamar a sus palacios a sus más despreciables sirvientes para que escuchen insultos de su propia boca.
Algo así pasó este sábado en un rincón de la Florida, con un desquiciado que abre frentes de guerra en cada lugar donde su voluntad sea desafiada. Podemos pensar en Donald Trump, pero en realidad eso constituiría un peligroso reduccionismo.
Así como detrás de Hitler hubo un Goebbels, un Bormann, un Hess, un Himmler, o detrás de Mussolini había un Gentile, un Balbo, o un Ciano, todos igualmente criminales y sádicos como sus jefes, también hoy detrás de un maníaco como el magnate inmobiliario de la Casa Blanca hay un Rubio, un Vance, una Noem, o un fascista declarado como Stephen Miller, verdadero artífice de las políticas de brutalidad extrema contra inmigrantes y contra quienes los apoyen; decidido impulsor de políticas agresivas imperiales en el resto del mundo.
“Somos una superpotencia y con el presidente Trump nos comportamos como tal”, fue una de las frases que definen la visión de Miller, quien afirma que el mundo real se rige por la fuerza y la potencia, no por normas internacionales, y que EE. UU. debe ejercer su poder a fondo.
En el nazismo y el fascismo de otros tiempos hubo colaboracionistas que vendían cobardemente a sus pueblos, que los ahogaban en sangre e ignominia, como Pétain y Laval en la Francia de Vichy, Franco en España, Salazar en Portugal, Pavelić en Croacia, Quisling en Noruega, Nedić en Serbia, Tiso en Eslovaquia, o Szálasi en Hungría, por solo recordar algunos de los europeos. Hoy el fenómeno se repite en Nuestra América con personajes que avergüenzan a sus pueblos y que seguramente, como aquellos infames europeos, pasarán a la historia como lo que fueron.
Un mundo en caos inducido
El segundo cuarto del siglo XXI se nos presenta pletórico de desafíos mortales, a partir de que un grupo de fanáticos desalmados y amorales, han tomado las riendas del poder y han decidido que es aceptable aniquilar a millones de personas si con ello aseguran sus ganancias en bolsa, explotan los recursos naturales de tierras ajenas e intentan retomar un pulso hegemónico que están perdiendo desde hace años. Hunden al mundo en el caos y el fuego, esperando sacar ganancias de ello.
Son los esclavistas y colonialistas del siglo XXI, su mentalidad es la misma de los traficantes de otras épocas. No solo se creen dueños del mundo, sino que desprecian cualquier vida que no sea la suya, la de sus familias y sus élites parasitarias que viven de la muerte, del fomento de las guerras para el expolio y el despojo, de la expansión del odio y el dolor. Son la nueva expresión del colonialismo, esta vez con vectores financieros, tecnológicos, sociales y políticos.
En medio de un conflicto regional que afecta a todo el planeta, aunque muchos prefieran creer que sus efectos no llegan a las costas de Sudamérica o al Pacífico centroamericano, el régimen estadounidense ha decidido convocar a sus subordinados de América Latina (presidentes de Argentina, Bolivia, Guyana, El Salvador, Trinidad y Tobago, Panamá, Paraguay, Honduras, Chile, República Dominicana y Ecuador), para formar la coalición militar “Escudo de las Américas”
¿Con que objetivo? Afianzar el neomonroismo en el continente y el Caribe, asegurar complicidades para seguir asediando a Cuba, saqueando Venezuela, avanzar a paso militar en Ecuador, imponer regímenes sumisos donde todavía no controlan a sus gobernantes.
Guerras eternas e inútiles
Enfrascado en guerras que cada vez se parecen más a las que él mismo criticó como candidato, al tildarlas de “eternas e inútiles”, toda la retórica de Trump adquirió de repente tintes bélicos. Sus categorías políticas están cada vez más militarizadas y, aunque conoce perfectamente la realidad operativa, sus discursos adquieren un creciente tufo triunfalista, a mentiras evidentes, a fanfarronadas y amenazas improbables e irrealizables.
El Presidente Trump afirmó que EE.UU. tiene un suministro «virtualmente ilimitado» de ciertas municiones, pero que «en el extremo más alto, no estamos donde queremos estar«. Esto sugiere que, si bien hay reservas significativas de municiones convencionales, los sistemas de defensa de misiles de alta gama (SM-3, THAAD) representan un cuello de botella estratégico.
Según datos del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), el gobierno de EEUU reportaba las siguientes reservas oficiales de interceptores de defensa aérea:
| Sistema | Reservas Oficiales (dic. 2025) |
| SM-3 (interceptores balísticos) | 414 unidades |
| THAAD (interceptores de alta altitud) | 534 unidades |
| Patriot PAC-3 MSE | ~270 unidades/año (producción anual previa) |
Desde el 28/02/26 con la Operación Epic Fury, la situación ha cambiado debido a:
- Uso intensivo de municiones: En los primeros seis días de operaciones, se reportó el uso de más de 2,000 municiones contra casi 2,000 objetivos
- Presión sobre reservas: Expertos advierten que las reservas de interceptores SM-3 y THAAD son finitas y no pueden reponerse de inmediato, con una capacidad de producción anual de solo 37. En junio de 2025, se usaron 150 misiles (23%) en 12 días; reponer esos inventarios tomaría más de cuatro años.
- Producción acelerada: Lockheed Martin acordó en enero 2026 aumentar la producción de PAC-3 MSE a aproximadamente 2,000 misiles por año durante los próximos siete años, con más de 600 unidades entregadas en 2025.
El presupuesto del Departamento de Defensa para el año fiscal 2026 (que comenzó el 1 de octubre de 2025) incluye:
- $6.5 mil millones en municiones convencionales e hipersónicas
- $3.9 mil millones adicionales en armas hipersónicas
- Procura de aproximadamente 2,000 armas críticas de largo alcance
- $25 mil millones para el programa «Golden Dome» de defensa misilística integral
Aunque las cifras exactas de reservas totales de misiles ofensivos (como JASSM, Tomahawk, etc.) son de información clasificada y no se publican abiertamente, los números disponibles corresponden principalmente a sistemas de defensa estratégica y dan una idea de la rapidez con que EEUU hace uso de ellos, incluyendo el abastecimiento de su aliado estratégico, Israel, y la lentitud en el reemplazo debido a los tiempos de fabricación.
El Secretario Marco Rubio trató de explicar esto en clave de justificación ante la agresión contra Irán, «Los iraníes fabrican 100 misiles mensualmente, mientras que nosotros producimos entre 6 a 7 interceptores al mes«.
Otra muestra de esta vulnerabilidad, más allá de las expresiones de matonería de Trump, es el hecho que Estados Unidos se vea obligado a reubicar sus sistemas THAAD y Patriot estacionados en Corea del Sur hacia Oriente Medio, ante el bajo nivel de reservas de interceptores, esto según el medio surcoreano The Chosun Daily.
Como suele decirse, la colcha estadounidense parece demasiado corta, cuando cubre su cabeza destapa sus pies. Así, ha optado por debilitar defensas en otras regiones estratégicas del mundo para alimentar las demandas de la guerra en Asia Occidental. Esto nos permite inferir también cuanta fortaleza o debilidad verdadera hay en las bravuconadas imperiales, porque aun siendo la potencia bélica más grande del planeta, sigue sometido a las rígidas reglas de Clausewitz y Sun Tzu, “Si te enfrentas a un enemigo en muchos lugares, te verás obligado a dividir tus fuerzas, y al dividir tus fuerzas, serás débil en todas partes«.
La ansiedad y la fatiga de guerra son sin duda un factor, para Israel y para su principal proveedor, EEUU. Lo será también en algún momento para Irán pero, a diferencia de sus agresores, la República Islámica lleva adelante una guerra de defensa, su unidad patriótica en torno a valores culturales, religiosos, políticos, preparó a su pueblo para un enfrentamiento asimétrico prolongado, donde el costo por la extensión en el tiempo del conflicto, así como los daños causados a la economía occidental dependiente de los energéticos, producirá el necesario ajuste para hacer retroceder a sus enemigos.
Al impedir la victoria de sus agresores, Irán y su pueblo tendrán derecho no solo a reclamarla como suya sino a exigir que los dejen existir en paz.
Hoy la victoria de Irán, en los términos planteados y no en los exclusivamente militares, otorgará a los pueblos del mundo la oportunidad para la resistencia. La derrota de la alianza imperial sionista-americana representará para el mundo la misma esperanza que, como señalábamos al principio, obtuvieron los pueblos cuando el futuro parecía más oscuro que nunca. Por eso, Irán y su pueblo merecen el justo reconocimiento y solidaridad en su enfrentamiento contra las fuerzas más reaccionarias del planeta.
Mientras tanto, en América Latina vemos con sonrojo la actitud de quienes se abrazan a los pies del amo imperial para entregarse ante el nuevo poder colonial, aceptando ser sus peones, no para luchar contra el crimen organizado como miente en cada línea la declaración del Escudo de las Américas, sino para crear un frente de represión contra los pueblos de Nuestra América que luchan contra el dominio imperial y contra las oligarquías entreguistas locales. Sus lacayos abren las puertas a la intervención militar estadounidense. A eso llaman “coalición militar”.
Son los Santander y los Rivadavia de nuestros días, que serán derrotados por la resistencia heroica de los pueblos. A partir de esta entente reaccionaria, habrá que prepararse para enfrentar nuevas oleadas represivas y luchar para evitar que se consolide una amplísima área geográfica latinoamericana de control neofascista.
En este contexto, resulta un orgullo para varios países -que la historia reconocerá-, haber sido excluidos de esa infame convocatoria. Puede haber diferencias de criterio y preferencias políticas hacia una u otra de las naciones no convocadas, pero sin duda es meritorio no haber aparecido en esa espuria y antipatriótica invitación.






