Sumisión al imperio

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Mientras la administración Trump agrede y amenaza a medio mundo, incluyendo su propio pueblo, las encuestas de opinión no dejan de mostrar sus caídas sustanciales. Otros, como es el caso del usurpador salvadoreño, no disfrutan su aparente popularidad de las encuestas, porque reconoce que su destino está amarrado al del magnate de Washington, que avanza sin remedio al precipicio.

A la agresión injustificada contra la República Bolivariana de Venezuela, con el secuestro de su legítimo presidente, Nicolás Maduro y de la diputada Cilia Flores, le siguieron las amenazas de ataque sobre Irán, temporalmente frenado a partir de la constatación de una muy posible respuesta militar severa. El imperio entiende muy bien el lenguaje de la fuerza, y su cobardía aparece ante la menor resistencia.  

A estas acciones le sucedieron las redobladas presiones criminales sobre Cuba y, muy especialmente, el inaceptable chantaje sobre la comunidad internacional, para hacerla cómplice en el intento de colapsar el proceso revolucionario, por hambre, falta de energía, u otras afectaciones materiales. Una decisión que deberá avergonzar a cada país que se transforme, por las razones que sea, en cómplice de esta irracionalidad fuera de toda lógica, de todo sentido de humanidad y de todo derecho.

En un mundo donde pretenden hacernos creer que el poder de las armas prevalece por sobre el poder de las normas, la lucha por la paz se vuelve una bandera revolucionaria. Bandera de los pueblos debe ser también, sin duda, denunciar a los cómplices del imperio, gobiernos sumisos, que ni siquiera venden la soberanía nacional, sino que la regalan, pretendiendo convertir a sus pueblos en vasallos. En realidad, esos personajes se asumen como súbditos de las fuerzas reaccionarias, a las que se someten de buena gana.

Entre los ejemplos de ese tipo de gobiernos encontramos el de El Salvador, que acaba de “ser premiado” con un supuesto acuerdo de quita de aranceles. El así llamado “Acuerdo de Comercio Recíproco entre El Salvador y EEUU”, no es más que una entrega descarada del país a una potencia extranjera, con foto oficial y publicación inmediata y orgullosa, en las redes sociales del dictador.

El Salvador se compromete a obedecer sanciones de EEUU, aunque no tome parte alguna en las decisiones, ni se obtenga beneficio para el país. Acepta hacer el trabajo sucio de otros, aplicando sanciones y controles que no son suyos sino de los Estados Unidos.

Renuncia a cobrar impuestos a las grandes plataformas digitales, cuando convenga a quien ordena desde el Norte; da luz verde para interferir en subsidios y empresas estatales, y pedir cuentas cuando lo considere necesario.

Se obliga a permitir y facilitar inversión estadounidense en minería, energía e infraestructura, amarrando decisiones futuras del Estado. Y si no se cumple con lo establecido, el castigo será inmediato, sin árbitro, tribunal, o derecho a la protesta. No se trata en ningún caso de reciprocidad. Es sumisión por contrato. No es desarrollo. Es obediencia sin cuestionamientos.

Ese es el “premio” del imperio a sus vasallos. Para eso, además, siempre estarán las elogiosas palabras del procónsul Marco Rubio, destacando que los que se portan bien con Washington, como su amigo, el usurpador de CAPRES, serán reconocidos. Esas son las amistades que delatan esencias y afinidades ideológicas.

No se necesitan más argumentos que los elogios de quien se ha propuesto poner a la humanidad al borde del colapso, y obligar a los pueblos a arrodillarse ante el imperio, para saber que esas relaciones los colocan en la vereda de enfrente de nuestros intereses, de los intereses del pueblo soberano. En el caso de El Salvador, hablamos de un pueblo que tiene memoria y orgullo, a pesar de que una parte de esa sociedad se encuentre sumergida en el letargo de una idiocia[1] de la que no logra salir.

Pacto de criminales, el ingreso a la Junta de Paz

Esta semana, nuevamente, el régimen se puso en evidencia como simple peón del trumpismo. La semana pasada hicimos referencia a la llamada Junta de Paz para Oriente Medio, instrumento neocolonial del trumpismo para controlar la Franja de Gaza, despojar a sus legítimos habitantes palestinos, usurpar el territorio, y pretender explotarlo de todas las formas posibles, mientras da un tiro de gracia a la Organización de Naciones Unidades.

A la lista de la infamia se incorpora El Salvador, previo pago de la “cuota” de mil millones, que nadie explica de donde salieron, en un país con alta pobreza extrema y relativa, donde más del 59% de la población asalariada declara ingresos inferiores a los 408 dólares según datos del Banco Central de Reserva (BCR).

El mismo país donde se cierran escuelas y hospitales, se despiden médicos, especialistas y enfermeras, docentes y empleados públicos de distintas áreas, pero no se les asegura indemnizaciones en tiempo y forma. El país con 75% de trabajo informal y precariedad de ingresos, pero que a fuerza de populismo y propaganda se inventan una Quincena 25 para el reducido sector del trabajo formal; el mismo país en el que el Estado dilapida los ahorros de los trabajadores (11.240 millones tomados  de fondos de pensiones y contando), pero sigue invirtiendo en un bitcoin a la baja, mientras apuesta a la desaparición del pueblo Palestino en Gaza, a golpe de despojo y genocidio. En ese país llamado El Salvador el nuevo colonialismo se impone.

El régimen ha decidido asociar su vergonzoso destino al de Donald Trump y su grupo. Parece no entender siquiera las lecciones que el mismo imperio le presenta cada día. Esta semana, por ejemplo, no tuvieron empacho en entregar a quien en otros tiempos resultaba un alfil del sistema, pero que hoy ha caído en desgracia y sirve de pieza/ trofeo para la actual dictadura. Nos referimos al ex dirigente de ARENA, ex diputado y ex alcalde de San Salvador, Norman Quijano, extraditado desde EEUU con profusión de cameras y cobertura en redes sociales y medios de comunicación.

Acusado de negociar con pandillas, Quijano ha perdido hace mucho cualquier valor político. La entrega debería hacer reflexionar al dictador acerca de su propio posible destino eventual. Alguna vez Quijano se sintió tan poderoso como el actual jefe del clan en el gobierno. Seguramente no le agrade a las figuras de la dictadura mirarse en ese espejo. Que no les guste o que no lo hagan no impide que, en el futuro, cuando ya pierdan valor para el imperio, compartan destino.

Las encuestas y la vida

El 27 de enero se conoció la más reciente evaluación ciudadana del año 2025, presentado por el Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP), de la UCA.

La seguridad sigue siendo el único activo que el gobierno puede explotar propagandísticamente, en tanto el 62.7% de la ciudadanía la identifica como aspecto positivo del año. También la encuesta apunta una constante: la economía. Señalada por el 44.9% como problema principal, las personas encuestadas subrayan el alto costo de la vida y el desempleo.

El dictador sostiene su calificación a partir de campañas permanentes de propaganda, donde su figura ocupa un lugar central y protagónico. Se mantiene, pero sus diputados y alcaldes bajan, así como su partido.

Con el país altamente militarizado en diversas esferas, y con el mandatario como figura omnipresente en referencia al gobierno central, no resulta extraño que sean justamente la figura presidencial, la Fuerza Armada y el gobierno central los actores con mejor evaluación ciudadana.

Con ese artificio, su evaluación se mantiene prácticamente igual que hace un año, mientras que los empresarios, las alcaldías y los partidos políticos se ubican en los últimos lugares.

Esto también se explica a partir de la permanente propaganda oficial para denigrar y desprestigiar a los partidos políticos, así como culpabilizar a empresarios (o, en su caso, a los trabajadores) cuando algo sale mal en el gobierno. Sucedió en los desastres de la construcción de obras como el viaducto de Los Chorros, o las inundaciones en zonas de desarrollo urbanístico aprobadas por el gobierno y concedidas a privados.

La propaganda no impide a las mayorías reconocer, encuesta tras encuesta, que la economía es un desastre y que la pobreza y el alto costo de la vida, lejos de menguar, crecen. 44.9% identifica esos problemas.

La vida supera apariencias y encuestas. Así, la dictadura ya no recibe beneplácitos por todo lo que hace con la excusa que la seguridad lo es todo. Ya no es así; las señales van apareciendo en forma de cuestionamientos. El 60.4% expresa preocupación por la alta dependencia del país respecto de las remesas que llegan del extranjero.

7 de cada 10 personas se manifiestan en contra de construir un nuevo Centro Internacional de Ferias y Convenciones (Cifco) en la finca El Espino, el pulmón verde de la capital. El 67.3% señala que la aprobación de la Ley General de Minería Metálica ha beneficiado en poco o en nada a la gente.

Hasta en temas como el régimen de excepción, los argumentos y apoyos van cambiando. El 53.5% opina que las personas encarceladas en 2025 —incluidos líderes religiosos, ambientalistas y profesionales del derecho— deberían ser liberadas si no existen pruebas suficientes en su contra o, en su defecto, recibir medidas alternativas a la detención, como arresto domiciliario o fianza.

La idiocia y el fanatismo ya mencionados también se refleja en estos estudios. El 34%, por ejemplo, considera que las personas capturadas en 2025 (religiosos, defensores de DDHH, activistas, etc.) deben permanecer detenidas hasta que sus casos sean resueltos en los tribunales, mientras que, a pesar de las desastrosas condiciones económicas del país y el agravamiento a partir de la escandalosa sumisión a la política exterior de Washington, el 70.3% de la población afirma sentir esperanza en el futuro del país, mientras que el 26.4% dice sentir temor al pensar en el mañana.

Son los desafíos a los que se enfrentan las fuerzas de izquierda en el país. No se trata solo de cambiar las percepciones. Se trata del trabajo cotidiano para desmontar mentiras, denunciar la entrega del país y expresar, contra todo  y contra todos, la irrenunciable vocación a la ternura de los pueblos, es decir a la solidaridad con nuestra hermana Cuba, con Venezuela en resistencia, y con los pueblos en lucha contra un imperio asesino de otros pueblos y del suyo propio.

Esta época oscura cambiará, más rapido de lo que podría anticiparse, habrá que ver entonces, dónde pretenderán refugiarse los que negociaron sangre y recursos, y se hiceron cómplices conscientes de un imperio asesino y decadente.


[1] Idiocia: en política, derivada del griego idiotez (persona centrada en lo privado y ajeno a lo público). Describe la apatía ciudadana, el desinterés por la cosa pública o la toma de decisiones irracionales que perjudican los intereses propios. Se asocia con la falta de participación, el discurso del odio; una “idiocracia”, donde los electores votan en contra de su propio bienestar.