26 DE JULIO DE 1953: ALDABONAZO EN LA HISTORIA DE LA REGION

    COMENTARIO DESPERTAR CON CUBA  

    Era la madrugada del 26 de julio de 1953, el año del centenario de José Martí, cuando un grupo de jóvenes cubanos dirigidos por Fidel Castro atacaron los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, acto heroico que fue la piedra fundacional del triunfo, seis años después, de la primera Revolución Socialista de nuestro continente.

    Nadie puede negar que los disparos de aquella mañana fueran aldabonazos en las puertas de la historia de América Latina y El Caribe, cuyo curso sería marcado a partir de entonces por una realidad incontrastable: un pequeño país había roto para siempre los lazos de la dependencia y se aprestaba a construir su propio destino, asumiendo con valor todas las consecuencias que esta decisión pudiese traer consigo.

    No se trataba de un acontecimiento menor.  Estados Unidos arreciaba en este continente la doctrina Monroe, sintetizada en la frase “América para los americanos”, azuzado por el comienzo de la guerra fría y el afán de contener el avance y el prestigio de la Unión Soviética y el naciente campo socialista europeo.

    Cuando en la mayor de las Antillas comenzaba el viaje hacia la libertad, en Guatemala una conspiración entre Washington, la oligarquía local, la jerarquía católica y un grupo de militares traidores,  preparaban todas las condiciones para asesinar la primavera democrática, a la que apenas quedaba un año de vida por haberse atrevido a rozar los intereses norteamericanos.

    En República Dominicana el dictador Rafael Leonidas Trujillo copaba todos accesos al poder con el objetivo de perpetuarse utilizando a familiares y allegados como parapeto de su régimen.

    Mientras tanto, en Nicaragua el clan fundado por Anastasio Somoza terminaba de borrar los últimos rastros del Ejército de Hombres Libres de Augusto Sandino para, de la mano de los estadounidenses, administrar el país como si fuese una gran finca de su propiedad.

    En el sur, Colombia estaba ya en poder de Gustavo Rojas Pinilla y su grupo, en tanto que Paraguay se encaminaba a paso ligero hacia la larga noche de los 35 años bajo la férula de Alfredo Stroessner.

    Eran, pues, momentos muy difíciles los que se vivían en esta América Nuestra cuando en la Perla del Caribe, la Isla de Azúcar que tanto ambicionaban los estadounidenses, sucedían eventos de gran significación.

    El asalto al Moncada venía a refrendar el principio de que los regímenes dictatoriales NO terminan solos.  Hace falta una revolución para eliminarlos y sustituirlos completamente a partir de nuevas ideas.  No existe forma alguna en que dos sistemas completamente opuestos, uno al servicio de una minoría privilegiada y otro destinado a satisfacer las necesidades de las mayorías, puedan convivir juntos.

    También vino a demostrar que el tamaño de los ideales se mide por la magnitud del reto a enfrentar.  150 jóvenes tomaron por asalto la segunda fortaleza de Cuba, defendida por más de mil efectivos y el efecto multiplicador de esta acción fue semejante a un alud que inexorablemente barrió la tiranía y condujo hasta la victoria.

    El ejemplo del Moncada se difundió y brindó nuevos bríos a las luchas populares por todo el continente.  Las relaciones hemisféricas NO volvieron a ser iguales después del triunfo del 1 de enero de 1959, cuya raíz está en el 26 de Julio del 53.  Para los cubanos este es el Día de la Rebeldía Nacional, para los latinoamericanos y caribeños, que miramos con respeto, admiración y gratitud todo lo que este pueblo ha construido a partir de entonces, es el día de la reivindicación y la esperanza, es nuestra hoja de ruta hacia el futuro, todavía por conquistar en la mayor parte de nuestros países.

    La Habana, 26 de julio de 2010

     

     
    Traductor
    Spanish English