LOS GOLPISTA HONDUREÑOS NO DEBEN SER LEGITIMADOS

    Por mayoría de votos y no por consenso, como lo establece el artículo 14 del Protocolo de Tegucigalpa, los miembros del Sistema de Integración Centroamericana. SICA, reunidos el 20 de julio en San Salvador, sin la presencia y oposiciòn de Nicaragua, acordaron reincorporar a Honduras a dicho organismo regional.

    Al margen de las valoraciones a favor y en contra que dicho acuerdo ha generado, no se puede negar que la reincorporación de Honduras al SICA, sin ningún tipo de exigencia al gobierno hondureño de Porfirio Lobo Sosa es una conquista de los golpistas que violentamente expulsaron al Presidente Manuel Zelaya, violando la Constitución de Honduras que prohíbe este tipo de acciones.

    El mundo civilizado que estima, preserva y cultiva los valores de la democracia, no debe pasar por alto que la comunidad internacional fue incapaz de aplicar medidas eficaces para retirar y castigar oportunamente a los golpistas hondureños, quienes por ahora, celebran y se ufanan de ser un modelo para las ultraderechas latinoamericanas, al grado que la derecha salvadoreña, por medio del Alcalde de San Salvador, Norman Quijano, prominente miembro del partido ARENA, declaró huésped distinguido a Roberto Micheletti en una clara apología a los golpes de Estado.

    La oposición de Nicaragua a la incorporación de Honduras al SICA, debe servir para que siempre tengamos en mente, que el gobierno de Porfirio Lobo, surgió luego de un golpe de Estado aún impune; que no debe permitirse a los golpistas hondureños, que legitimen sus acciones contra la democracia, facilitando el reingreso de Honduras a la OEA con un borrón y cuenta nueva como anhelan los ultraderechistas; son indispensables condiciones mínimas entre las que están el retorno a Honduras del ex Presidente Manuel Zelaya y que el gobierno de Lobo Sosa, le garantice su libre permanencia y le reconozca sus derechos políticos, entre ellos, su incorporación al Parlamento Centroamericano, PARLACEN; además, los Estados miembros de la OEA, deben ratificar la condena al golpe de Estado ejecutado por los militares el 28 de junio de 2009 en Honduras y no permitir el ingreso a sus territorios a Roberto Micheletti y su pandilla de golpistas; a fin de desmotivar y deslegitimar las intenciones de las derechas derrotadas electoralmente, de pretender recuperar sus privilegios por medio de la violencia de la bota militar.

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