Todo régimen político para que funcione de forma estable, eficiente y eficaz, debe tener una gobernabilidad, la cual debe entenderse como la capacidad de dicho régimen para dar respuestas válidas a las demandas que en el ejercicio del poder público enfrenta.
La gobernabilidad se puede ejercer de forma centralizada y absoluta en una persona, como lo fue en la monarquía o como lo es en las dictaduras civiles y militares o bien, ejercerse de forma compartida por órganos de gobierno independientes, como lo formularon los teóricos de la República antes, durante y después de la Revolución Francesa.