Parte 1: DEFENDER LA VERDAD EN TORNO A NICARAGUA, ES UN DEBER DE TODOS

Estaremos compartiendo por partes este Pronunciamiento de los “Amigos de Nicaragua”
Lima, Perú
, por considerarlo de suma importancia y desenmascar las maniobras encaminadas a demonizar al hermano pueblo de Nicaragua, a sus representantes elegidos democraticamente y a su vanguardia FSLN. A Continuación Parte 1

Pronunciamiento de los “Amigos de Nicaragua”
Lima, Perú
.

Recientemente, Amnistía Internacional puso en circulación un nuevo documento referido a la situación de la Nicaragua Sandinista.

El material, ciertamente sesgado e incriminatorio, fue respondido de manera clara y concluyente por el Grupo de Acción de la Campaña de Solidaridad con Nicaragua, que formuló un análisis serio del texto publicado por el citado organismo.

La Declaración de Amnistía Internacional no debiera sorprendernos. Es conocido el hecho que en noviembre de este año, tendrán lugar las elecciones políticas en la Patria de Sandino y el país hermano –en esa circunstancia- será nuevamente escenario de una confrontación entre las fuerzas conservadoras y la mayoría del pueblo empeñado en desarrollar y profundizar transformaciones sociales orientadas a elevar las condiciones materiales de vida de sus habitantes, alentando y promoviendo la construcción de una sociedad mejor, más humana y más justa.

Porque eso es así, desde el año pasado ya las fuerzas reaccionarias que operan en Managua y otras ciudades, fomentan un clima artificial de violencia, en el que no han caído las autoridades del país. Eso no ha sido óbice, para que estos segmentos, vinculados a poderes antinacionales y conectados con el gobierno de los Estados Unidos y sus servicios secretos, atenúen sus propósitos. 

Ellos, tomando la cautela del Estado Nicaragüense como una expresión de debilidad, han multiplicado sus esfuerzos porque saben que contarán con el beneplácito y el apoyo de quienes, operando en un escenario externo, alientan el caos y promueven el desgobierno en beneficio de los enemigos de Nicaragua y de su pueblo.

SE TRATA DE UNA CAMPAÑA ORQUESTADA CONTRA EL SANDINISMO

Se trata entonces, de una campaña orquestada contra el Sandinismo, y que tiene un claro corte de tipo electoral. A través de ella se busca alentar a los sectores conservadores de la sociedad para que se unan -actualmente están disgregados y dispersos- y presenten una batalla común orientada a bloquear las posibilidades de continuación del régimen Sandinista en la Patria de Rubén Darío.

En el fondo, esta campaña es la continuación de la iniciada en abril del 2018 y que se prolongara hasta julio del mismo año, generando un clima artificial de enfrentamiento y violencia que hizo inmenso daño a la sociedad nicaragüense.

Aún se recuerda, en efecto, que en esta aciaga etapa de la vida del país hermano, ocurrieron acciones vandálicas orquestadas con un claro sentido político y revestidas con un falso barniz “humanitario”. Bandas armadas, confundidas con delincuentes comunes y protegidas por grupos organizados por la antigua oligarquía y por sectores conservadores y reaccionarios de la Iglesia Católica, idearon una suerte de “insurrección” colectiva, buscando minar las bases de apoyo popular al Sandinismo y derribar al gobierno del Comandante Daniel Ortega.

Se produjeron atentados terroristas, toma de locales, incendio de oficinas públicas y emisoras; se construyeron verdaderas barricadas para obstruir el paso de personas y el tránsito vehicular, se atacaron sedes del FSLN, y se cometieron crímenes contra personas indefensas, muchas de las cuales fueron bárbaramente torturadas antes de perecer. Todo eso pretendió presentarse ante el estupor del mundo como “acciones legítimas ejecutadas por un pueblo enardecido” cuando en realidad no fueron sino  actos atroces consumados por elementos desclasados y muchas veces financiados por las fuerzas más retardatarias de la sociedad.

Tales acciones obedecieron por cierto, a un solo propósito: desacreditar la experiencia Sandinista en el marco de una ofensiva criminal contra el Proceso Emancipador Latinoamericano. Tras las bambalinas estuvo, de comienzo a fin, el trabajo de sectores vinculados a la administración norteamericana en el periodo más violento y despiadado impulsado por Donald Trump desde la Casa Blanca.

Todos pudimos ver, en efecto, que los sucesos de Nicaragua fueron la continuación de acciones idénticas perpetradas un año antes en Caracas contra el Gobierno Constitucional del Presidente Nicolás Maduro; en Ecuador contra Rafael Correa y en Bolivia contra Evo Morales y su gestión gubernativa.

En uno u otro país, la acciones fueron idénticas y se fundamentaron en la misma teoría de la “insurgencia popular” contra regímenes rechazados por la ciudadanía. En realidad, eran todo lo contrario: acciones sediciosas organizadas por elementos desquiciados que buscaban caotizar la sociedad, para restaurar el dominio de una oligarquía envilecida y en derrota.

En el caso de Nicaragua, el asunto tuvo antecedentes por cierto más lejanos. Los antiguos “somocistas” que trabajaron intensamente en favor de la oprobiosa dictadura de tal estirpe sangrienta, hicieron siempre un trabajo de zapa contra la administración sandinista. En los años 80 conspiraron abiertamente contra el país e incluso muchos de ellos tomaron las armas implementando acciones bélicas respaldadas desde el exterior, y financiadas por el gobierno de los Estados Unidos.

Fue de ese modo como lograron burlar al pueblo de Nicaragua y restablecer un régimen conservador y corrupto que pudo retener los resortes del Poder hasta el 2007; cuando el Sandinismo restituyó el proceso emancipador interrumpido desde fines de los años 80.

EL OBJETIVO DE ESA CAMPAÑA,
SIEMPRE FUE EL PODER

Nunca estas fuerzas hicieron lo que podría denominarse una “resistencia pacífica” a la restauración de gobierno Sandinista. Siempre buscaron el choque y la confrontación. Y en todas las circunstancias, su objetivo, fue el Poder. Usaron el sabotaje y el terrorismo, y se valieron de métodos violentos para obstaculizar la gobernabilidad del país. Hay que decir, sin embargo, que fracasaron en toda la línea.

No sólo el FSLN fue confirmado en el Poder en sucesivas elecciones, sino que el propio Comandante Daniel Ortega recibió el respaldo ciudadano, para ira de sus adversarios, los contrarrevolucionarios.

Ahora, en el marco de las elecciones que se avecinan, buscan hacer lo mismo. Y para lograrlo, requieren minar el prestigio y la autoridad del gobierno sandinista más allá de las fronteras de Nicaragua toda vez que en el plano interno, ya se sienten vencidos. Intentan, entonces, sorprender a los desinformados, a quienes no conocen la realidad de Nicaragua y se dejan influenciar por algunos grandes medios a su servicio. 

Para ese efecto, además, les resulta muy útil contar con instituciones como Amnistía Internacional, por el prestigio que ha alcanzado como un organismo defensor de los Derechos Humanos. Para conseguir ese propósito, se valen por cierto, de influencias personales, de vínculos individuales y aun familiares con ciertas autoridades y funcionarios tanto del gobierno de los Estados Unidos como de otras entidades del exterior. Para lograrlo, deforman y manipulan groseramente los hechos.

NICARAGUA EN LA PANDEMIA

Si ha habido en el 2020 un acontecimiento mundial que ha puesto al desnudo las debilidades y errores de Estados y Gobiernos, éste ha sido la crisis sanitaria derivada del COVID 19, que ya ha costado al mundo alrededor de cuatro millones de víctimas, entre fallecidos y enfermos.

Países altamente desarrollados, con un gran poder económico -como Estados Unidos- han sufrido en carne propia inmensos daños de este orden. Pero éste ha afectado también a otros países más pequeños y de limitado desarrollo. En Centroamérica y el istmo de Panamá, los daños registrados han sido considerables. Nicaragua, sin embargo, ha sido uno de los países que ha enfrentado más exitosamente esa satánica pandemia. Y lo ha hecho sin adoptar medidas extremas, sin recurrir a las crueles cuarentenas que han martirizado a otros pueblos. En Panamá el número de fallecidos y contagiados, ha sido estremecedoramente alto. Pero en Honduras, Costa Rica y El Salvador, países hermanos y muy próximos a las fronteras de Nicaragua, también se han registrado daños elevados, mucho mayores que en Nicaragua.

La oposición en Nicaragua ha tratado de sabotear la política del Estado en la materia. Para ese efecto, ante todas las medidas optó por la demanda opuesta. Siempre se llevó por “la contraria”, tratando de escandalizar a la población en el sentido inverso de la óptica oficial. Por eso es que fracasó en toda la línea en la materia.

Hoy se puede decir con verdadera alegría que Nicaragua es uno de los países más limpios de la región. Ha sufrido daños, es verdad, y ha tenido victimas incluso mortales, pero la proporción de ellas resulta claramente inferior a lo ocurrido en otros escenarios.

Algunas cifras tomadas de indicadores internacionales, nos permiten apreciar más objetivamente las cosas: el sistema sanitario de Nicaragua es largamente el mejor de la región. Cuenta con 77 hospitales del sistema público, número que duplica en unos casos y triplica en otros la cantidad de centros similares de otros países del Istmo Centro Americano.

En Nicaragua, durante el año 2020 se registró una cifra de 4,065 personas afectadas por el coronavirus. En Honduras esta cifra subió a 72,306 y en Costa Rica a 66,689; en Panamá a 107,284 y en República Dominicana a 109,737. La notable diferencia se explica porque la política de prevención y atención de salud aplicada en la Patria de Darío por el Sandinismo, fue mucho más humana y exitosa que la impuesta en toda la región. 

En otras palabras, porque el Gobierno Sandinista ha sabido proteger adecuadamente la salud y la vida de los nicaragüenses

y que todos ellos, independientemente de su opción política, han sido debidamente cuidados. Eso no lo puede ignorar nadie.

Si se mira la cosa desde la óptica de los recuperados luego de padecer la enfermedad, se puede tener la misma idea. En Nicaragua, se recuperó el 93% de las personas afectadas; en tanto que en Costa Rica sólo sucedió eso con el 38% y en Honduras con el 32%

En el plano de los decesos, también es notable la diferencia. Hasta el 21 de marzo del 2021 se consideraba el número de fallecidos de acuerdo al siguiente cálculo:

Guatemala: 6,700

Panamá: 6,044

Honduras: 4,443

R. Dominicana: 3,272

Costa Rica: 2,896

Nicaragua: 176

Estos indicadores no los puede soslayar ni borrar nadie. Y constituyen un apreciable éxito de la política del Gobierno Sandinista que es reconocido por los organismos internacionales, pero que desata la ira de la contrarrevolución interna y de las autoridades del gobierno de los Estados Unidos. – Continuará Parte 2.