Editor CT América Latina y el Caribe, Política internacional

El Salvador: la CIA, el FBI y la masacre de jesuitas.

por Álvaro Verzi Rangel (*)/CLAE.

La Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) de Estados Unidos tenían documentos y soportes gráficos y de audio sobre la matanza en noviembre de 1989 de seis sacerdotes jesuitas, entre ellos el fundador de la Teología de la Liberación, Ignacio Ellacuría, y dos empleadas domésticas de Universidad CentroaMericana, en El Salvador, pero se negaron a dar información.

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Esta acusación quedó confirmada tras los relatos de testigos durante la tercera sesión del juicio en la Audiencia Nacional de España contra Orlando Montano, ex viceministro de Seguridad Pública y coronel de las fuerzas armadas de El Salvador, único imputado del caso, que fue extraditado a España.

Los otros 20 acusados fueron protegidos por el Estado salvadoreño. Montano es señalado como uno de los autores intelectuales del asesinato los jesuitas, cinco de ellos españoles

La madrugada del 16 de noviembre de 1989, la sangre salpicó las paredes y los patios de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas  en la capital de El Salvador. Los cuerpos fueron minuciosamente masacrados, tiro a tiro. Las marcas del ataque quedaron estampadas en huecos profundos en las fachadas.

Los cadáveres de seis curas jesuitas y de dos mujeres, la cocinera de la residencia y su hija de 16 años, quedaron envueltos en sangre, bocabajo, en los cuartos o en el jardín. «Sus rostros y cerebros fueron despedazados como animales que se destazan sin piedad», recordó el portal oficial de los jesuitas para América Latina.

Todo había comenzado un poco antes, cuando soldados del Batallón de Infantería de Reacción Inmediata «Atlacatl», un comando entrenado en Estados Unidos, intentaron entrar por la fuerza a la casa de los curas, casi todos directivos de la Universidad.

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Según documentos de la Comisión de la Verdad formada en El Salvador en 1992, la UCA era considerada un «refugio de comunistas» y los soldados habían recibido órdenes de eliminar a los «elementos subversivos conocidos». Después de cometer su encomienda esa noche, dejaron señales y pruebas falsas para que parecieran que los crímenes habían sido cometidos por la guerrilla insurgente.

Como está resumido en el reporte de la Comisión de Verdad, el Coronel Ponce, en la presencia del General Juan Rafael Bustillo, los coroneles Orlando Zepeda, Inocente Montano y  Francisco Elena Fuentes, ordenó al coronel Guillermo Benavides que matara al padre Ellacuría y que no dejara testigos.  Esa misma noche, Benavides le ordenó a Espinoza que llevara a cabo la misión y no dejar testigos.

Espinoza y su sección llegaron a la Universidad de Centro América en San Salvador y en la madrugada del 16 de noviembre y se abrieron paso a través del Centro Pastoral.  Cuando los sacerdotes salieron para averiguar qué pasaba, fueron ordenados a salir al jardín y acostarse boca abajo en el suelo, mientras los soldados revisaban el edificio.  A este punto, el teniente Espinoza Guerra dio la orden de matar a los sacerdotes.

Al final, seis sacerdotes, la ama de llaves y su hija de 16 años fueron brutalmente asesinados, mientras los niños gritaban que no los mataran..

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Casi 30 años después. en abril de 2018, una corte de Paz ordenó la reapertura del proceso para determinar la autoría intelectual y al año siguiente, un alto tribunal lo confirmó, sin que hasta la fecha se hayan dado avances.

En enero de este año, por primera vez en más de 30 años, el gobierno de Estados Unidos, que apoyó y financió la guerra civil en El Salvador, anunció restricciones de visa para los 13 exmilitares del batallón que la CIA entrenó y a los que se responsabiliza por la muerte de los seis jesuitas y las dos mujeres.

José Luis Navarro, letrado de las cortes españolas elaboró en 1990, cuando una delegación del Parlamento español viajó a El Salvador,  elaboró un documento en el cual se afirmó que el juez Ricardo Zamora, que investigaba el caso, se mostró preocupado porque los militares salvadoreños y los aparatos de seguridad de Estados Unidos, la CIA y el FBI, ocultaron información.

En el informe se documentó que entre los autores intelectuales de la matanza estaba el alto mando del Estado Mayor salvadoreño. Enrique Alcubilla, otro testigo, letrado del Congreso de los Diputados, recordó que en aquel juicio todo fue anómalo: no hubo interrogatorios ni se presentaron pruebas y todos los testimonios se basaron en declaraciones extrajudiciales, que exoneraban a los autores intelectuales.

(*) Álvaro Verzi Rangel. Sociólogo venezolano, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

Fuente: http://estrategia.la/2020/06/18/el-salvador-la-cia-el-fbi-y-la-masacre-de-jesuitas/


Anexo CT:

Mártires de la UCA.

Extractos de Wikipedia.

Se denomina por el nombre genérico mártires de la UCA a 8 personas que fueron asesinadas el 16 de noviembre de 1989, en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), ubicada en la ciudad de San Salvador (El Salvador), por un pelotón del batallón Atlacatl de la fuerza armada de El Salvador bajo las órdenes del coronel René Emilio Ponce, en la administración del presidente en turno Alfredo Félix Cristiani.1​ Todo ello ocurrió en el marco de la Guerra Civil salvadoreña.

Los jesuitas eran partidarios de un acuerdo negociado entre el gobierno de El Salvador y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), la organización guerrillera que había luchado contra el gobierno durante una década. Los asesinatos atrajeron la atención internacional a los esfuerzos de los jesuitas y aumentaron la presión internacional para un cese al fuego, lo que representa uno de los puntos clave que condujeron a un acuerdo negociado para la guerra.

Escultura homenaje a los dos jesuitas Segundo Montes e Ignacio Martín-Baró, asesinados en El Salvador, en la calle Simón Aranda de Valladolid, su ciudad natal.

Antecedentes

Para un sector ultra-conservador de los mandos militares en el ejército salvadoreño, los padres intelectuales jesuitas que ejercían la alta dirección y cátedra dentro del Alma Mater eran considerados sospechosos de sostener la teología de la Liberación, por lo que se suponía que serían aliados de la guerrilla izquierdista del FMLN, y por lo tanto, subversivos para el control político, cuyas amenazas hacia los mismos se venían gestando desde mediados de la década de 1980, pero que se aunarían en el año 1989.

El 3 de marzo de 1989, en un campo pagado del grupo ultra- derechista «Cruzada pro Paz y Trabajo» ataca a los que llama «grupo de cerebros satánicos conducidos por Ellacuría» y «perros comunistas» que están arruinando al país. El 14 de marzo del mismo año hace explosión una granada colocada dentro de la planta eléctrica de la UCA.

Entre el 16 y 20 de abril un campo pagado del Alto Mando de la Fuerza Armada de El Salvador acusa al P. Segundo Montes de defender el uso de minas por parte del FMLN. Un comunicado de prensa de ARENA llama al sacerdote Segundo Montes «inhumano e inmoral». En ese mismo mes el coronel Juan Orlando Zepeda, comandante de la Primera Brigada da Infantería, afirmaba que la UCA es un refugio de los líderes terroristas y que en ella se planifica la estrategia de ataques contra los salvadoreños. El 28 de ese mismo mes ocurre una nueva explosión con tres bombas en la imprenta de la UCA y en el portón de entrada junto a ella.

El 3 de julio del mismo año. el presidente Alfredo Cristiani recibe una carta abierta por parte de la organización «Cruzada pro Paz y Trabajo» en la que piden la captura y juicio sumario de los sacerdotes Ignacio Ellacuría y Segundo Montes, a los que considera responsables de toda la destrucción de la infraestructura y de todos los viles asesinatos cometidos en nombre de la teología de la liberación y de la doctrina marxista-leninista que intentan imponer. Para el 22 de julio, se da una tercera explosión con cuatro bombas en la imprenta de la UCA.

Entre los días 11 y 15 de noviembre la Radio emisora Cuscatlán emite ciertos mensajes con amenazas de muerte dirigidas contra los jesuitas de la UCA, contra Mons. Rivera Damas y contra Mons. Rosa Chávez. Se emiten amenazas explícitas como «Ellacuría es un guerrillero, que le corten la cabeza» o «Deberían sacar a Ellacuría para matarlo a escupidas». Para el 13 de noviembre, el rotativo La Prensa Gráfica informa la realidad de las amenazas retransmitidas por la cadena nacional de radio en las que se afirmaba «es de suma importancia que saquen del país a los jesuitas, porque en la UCA esconden armas desde hace alrededor de diez años». Señalando estos como principal responsable al sacerdote jesuita español Ignacio Ellacuría.2

Crimen

Según el informe de la Comisión de la Verdad3​ y el resumen de las acusaciones admitidas por un tribunal español contra los miembros del ejército salvadoreño que fueron condenados por el delito,4​ el ejército salvadoreño consideró el Centro Pastoral de la UCA como un «refugio de subversivos». El coronel Juan Orlando Zepeda, viceministro de Defensa, había acusado públicamente a UCA de ser el centro de operaciones de los terroristas del FMLN. El coronel Inocente Montano, viceministro de Seguridad Pública, dijo que los jesuitas estaban «plenamente identificados con movimientos subversivos». En las negociaciones para una solución pacífica al conflicto, Ignacio Ellacuría (rector de la universidad) había jugado un papel fundamental. Muchas de las fuerzas armadas identificaron a los sacerdotes jesuitas con los rebeldes, debido a su especial preocupación por los salvadoreños que eran los más pobres y, por lo tanto, los más afectados por la guerra.

En la tarde del 15 de noviembre de 1989, el coronel Guillermo Alfredo Benavides Moreno se reunió con oficiales bajo su mando en el Colegio Militar. Les informó que el Estado Mayor consideraba que la reciente ofensiva rebelde era «crítica», que debía enfrentarse con toda su fuerza, y que todos los «elementos subversivos conocidos» debían ser eliminados. Se le ordenó eliminar a Ellacuría, sin dejar testigos. Los oficiales (miembros del batallón Atlacatl) decidieron disfrazar la operación como un ataque rebelde, usando un rifle AK-47 que había sido capturado por el FMLN.

Los soldados primero intentaron entrar por la fuerza a la residencia de los jesuitas, hasta que los sacerdotes les abrieron las puertas. Después de ordenar a los sacerdotes que se acostaran boca abajo en el jardín trasero, los soldados registraron la residencia. Después de que el teniente Guerra diera la orden de matar a los sacerdotes, Ellacuría, Ignacio Martín-Baró y Segundo Montes fueron asesinados a tiros por el soldado Grimaldi, mientras que los padres Amando López y Juan Ramón Moreno fueron asesinados por el sargento adjunto Antonio Ramiro Avalos Vargas. Más tarde, los soldados descubrieron al padre Joaquín López y López en la residencia y también lo mataron. El sargento adjunto Tomás Zarpate Castillo le disparó a Julia Elba Ramos y a su hija de 16 años, Celina Mariceth Ramos. El soldado José Alberto Sierra Ascencio le disparó a ambas mujeres nuevamente.

Los soldados sacaron una pequeña maleta que contenía fotografías, documentos y 5000 dólares. Luego dirigieron fuego de ametralladoras a la fachada de la residencia, así como cohetes y granadas. Dejaron un letrero de cartón que decía «El FMLN ejecutó a quienes lo informaron. Victoria o muerte, FMLN».

El día 16 de noviembre de 1989 seis sacerdotes de la Compañía de Jesús y dos empleadas domésticas son asesinados dentro del campus de la UCA, estos fueron colocados boca abajo, mientras eran ejecutados. En el patio central se encontraron los cuerpos de cinco de los religiosos, y en una de las habitaciones se encontraba otro de ellos. Los cadáveres de la mujer y la niña estaban en otro cuarto anexo. Los asesinos también incendian y saquean el Centro Monseñor Romero, como estratagema los autores del crimen dejaron señales y pruebas falsas simulando que los crímenes habían sido cometidos por la guerrilla, la cual fue descubierta como espurio sin soporte en las posteriores investigaciones.

Comienza el juicio contra los responsables de los asesinatos de jesuitas en El Salvador
Asesinados por el Ejército en la madrugada del 16 de noviembre de 1989: los sacerdotes jesuitas españoles Ignacio Ellacuría Beascoechea, Ignacio Martín Baró, Segundo Montes Mozo, Amando López Quintana y Juan Ramón Moreno Pardo, y del también sacerdote jesuita Joaquín López López, la empleada Julia Elba Ramos y la hija de ésta Celina Mariceth Ramos, los tres últimos de nacionalidad salvadoreña.

Las víctimas fueron:

Todos menos Celina Ramos eran empleados de UCA.5​ Otro residente jesuita, Jon Sobrino, estaba dando una conferencia sobre teología de la liberación en Bangkok. Dijo que se había acostumbrado a vivir con amenazas de muerte y comentó: «Queríamos apoyar el diálogo y la paz. Estábamos en contra de la guerra. Pero hemos sido considerados comunistas, marxistas, partidarios de los rebeldes, todo ese tipo de cosas».6​ Cuando el periódico estadounidense The New York Times describió a los sacerdotes asesinados como «intelectuales de izquierda» en marzo de 1991,7​ el arzobispo John R. Quinn de San Francisco se opuso al uso de esa caracterización «sin calificación ni matiz». Ofreció al periódico las palabras del arzobispo brasileño Hélder Câmara: «Cuando alimento a los hambrientos, me llaman santo. Cuando les pregunto por qué no tienen comida, me llaman comunista».8

Reacción

Los asesinatos atrajeron la atención internacional y aumentaron la presión internacional para un cese al fuego. Se reconoce como un punto de inflexión que condujo a un acuerdo negociado para poner fin a la guerra.9

Fotos de seis de los 17 exmilitares salvadoreños de los que España exigió su extradición. De izquierda a derecha arriba: José Ricardo Espinoza, Humberto Lairos y René Emilio Ponce. De izquierda a derecha abajo: Gonzalo Guevara, Rafael Bustillo y Francisco Elena Fuentes.
Fotos de seis de los 17 exmilitares salvadoreños de los que España exigió su extradición. De izquierda a derecha arriba: José Ricardo Espinoza, Humberto Lairos y René Emilio Ponce. De izquierda a derecha abajo: Gonzalo Guevara, Rafael Bustillo y Francisco Elena Fuentes.

El gobierno de los Estados Unidos, que durante mucho tiempo había brindado ayuda militar al gobierno, pidió al presidente Cristiani que iniciara «la investigación más completa y ciertamente rápida». Condenó los asesinatos «en los términos más enérgicos posibles».10​ El senador estadounidense Claiborne Pell, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, dijo: «Estoy devastado por estos asesinatos a sangre fría, que parecen tener la intención de silenciar la actividad de derechos humanos en El Salvador. Hago un llamamiento urgente para que se ponga fin a la lucha y por un alto el fuego… y pedir que los responsables de estos asesinatos sean llevados ante la justicia lo más rápido posible».9​ Un editorial en The New York Times catalogó una serie de crímenes similares que quedaron impunes y advirtió que «Lo que es diferente esta vez es la impaciencia horrorizada de Estados Unidos». Advirtió que el Senado de Estados Unidos pondría fin a la ayuda de Estados Unidos si el gobierno de El Salvador «no podrá detener y no castigará a los escuadrones de la muerte».11

Referencias

  1. «Mártires de la UCA – Jesuitas, Centroameríca». Archivado desde el original el 17 de noviembre de 2017. Consultado el 19 de noviembre de 2017.
  2. UCA.edu.sv. «Mártires de la UCA». Consultado el 16 de agosto de 2017.
  3. «De la locura a la esperanza – informe de la comisión de la verdad para El Salvador». Nueva York: Organización de las Naciones Unidas. 1° de abril de 1993. Consultado el 14 de enero de 2020.
  4. «Sumario 97/10». Madrid: Audiencia Nacional de España. 30 de mayo de 2012. Consultado el 14 de enero de 2020.
  5. Gruson, Lindsey (17 de noviembre de 1989). «6 Priests Killed in a Campus Raid in San Salvador»The New York Times (en inglés). Nueva York: The New York Times Company. Consultado el 14 de enero de 2020.
  6. Steinfels, Peter (3 de diciembre de 1989). «Salvador Jesuit Is Undeterred By Killing of 6»The New York Times (en inglés). Nueva York: The New York Times Company. Consultado el 14 de enero de 2020.
  7. Krauss, Clifford (14 de marzo de 1991). «Salvadoran Army Vows to Press Jesuit Case»The New York Times (en inglés). Nueva York: The New York Times Company. Consultado el 14 de enero de 2020.
  8. «Loyola in El Salvador»The New York Times (en inglés). Nueva York: The New York Times Company. 31 de marzo de 1991. Consultado el 14 de enero de 2020.
  9. Pugh, Jeffrey (15 de enero de 2009). «The Structure of Negotiation: Lessons from El Salvador for Contemporary Conflict Resolution»Negotiation Journal (en inglés) (Universidad de Harvard – Escuela de leyes) 25 (1): 83-105. ISSN 1571-9979. Consultado el 14 de enero de 2020.
  10. Sciolino, Elaine (17 de noviembre de 1989). «Killing of Priests Denounced by U.S.»The New York Times (en inglés). Nueva York: The New York Times Company. Consultado el 14 de enero de 2020.
  11. «The Suspects in El Salvador»The New York Times (en inglés). Nueva York: The New York Times Company. 18 de noviembre de 1989. Consultado el 14 de enero de 2020.

Fuente (extractos): https://es.wikipedia.org/wiki/M%C3%A1rtires_de_la_UCA

Fuente: http://cctt.cl/

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