El FMLN tiene que prepararse para lo que viene (Medardo González)

La situación política del país parece ser muy favorable para el presidente Bukele. El Estado de Emergencia Nacional elimina toda oposición de calle; la Asamblea no hace el contrapeso que el país necesita, pese a la batalla que dan los diputados y diputadas del FMLN, que son minoría; un sector de la oligarquía apoya al presidente, pues está negociando las millonarias compras públicas.

El presidente funge casi como único vocero nacional frente a la emergencia.

Pero esta situación tiene límites. El Gobierno está fuerte porque la Emergencia Nacional casi anula a la oposición y porque la mayoría de la nación parece apoyarlo. Ese es un hecho casi inevitable en el momento en que estamos, eso ha sido así en momentos de emergencia en otros países, pero también es una situación temporal, pues la emergencia pasará y el pueblo constatará el deterioro de sus condiciones de vida.

Más de 800,000 personas que trabajan por cuenta propia no están vendiendo. Miles de micro, pequeños y medianos negocios la están pasando mal, no están laborando; también medianos y grandes. Las ventas bajan, la inversión se desploma, la producción disminuye y el desempleo crece, habrá hambre. La banca elevará su mora. La entrada de dólares por exportación, remesas e inversión extranjera podría caer en 3 mil millones. Eso significa que habrá una baja de la importación de bienes de consumo y medios de producción. Para una economía dolarizada, el riesgo es mayor. Ese es el cuadro económico que está planteado.

El Gobierno dispone de 2 mil millones de dólares que atenuarán la situación pero no evitarán la contracción económica. Las necesidades del campo, del sector empresarial urbano, de la gente que caerá en el desempleo, son muy grandes. Muchas gente recibirá ayuda, pero en pequeña escala. Y será mayor la cantidad de gente que no reciba nada.

Solo en la entrega de los 300 dólares al mes viene un desengaño enorme. Para darle esa transferencia a millón y medio de personas se necesitan 450 millones de dólares cada mes. Eso no es sostenible. Cientos de miles de personas se quedarán esperando. A todo eso hay que sumarle los daños en la salud de la población y las necesidades de recursos para salud, agua, salarios, créditos y subvenciones de todo tipo.

Seguramente habrá una disputa frenética entre sectores de la oligarquía y los burgueses vinculados a Bukele por acaparar las compras e inversiones que se harán con los 2 mil millones. Habrá acuerdos y rivalidades. Y parece que un sector de la oligarquía (Simán y otros) quedará fuera del reparto. Los intereses del pueblo no están representados en la directiva que monitoreará el uso de los fondos. Solo la UCA podría disentir, pero no impondrá decisiones. La corrupción será inevitable.

Las condiciones de vida del pueblo empeorarán en los próximos meses. Y hay que tomar en cuenta que la gente sabe que al Gobierno le aprobaron dos mil millones de dólares para que enfrente la situación. Eso no lo podrá ocultar Bukele, pese a su capacidad retórica para distorsionar la realidad.

La gente espera soluciones. Habrá ayudas, pero el problema es muy grueso y rebasa las capacidades financieras e institucionales de un Gobierno mediocre, de derecha y totalitario, que además solo ve a la gente como la encarnación de un voto electoral

Miles de personas preguntarán -en su momento- qué se hicieron los miles de millones que recibió el Gobierno. Bukele lo sabe y por eso intenta golpear a la oposición, a la que acusa de obstaculizar su labor desde la Asamblea Legislativa. Él seguirá con su lógica de victimización. No tiene otra política más eficaz. Pero la franja de la población desengañada levantará su voz y buscará referentes políticos en los cuales apoyarse.

Debemos respaldar los esfuerzos de la Emergencia Nacional y levantar propuestas coherentes que beneficien primordialmente a la población más vulnerable, procurar que esas propuestas sean conocidas y defendidas por el pueblo. Tenemos que acompañar a la población en sus demandas y respaldarla.

El FMLN además de ser un partido político (electoral), es también un partido de movimientos populares y sociales, un partido territorial de base comunitaria, un partido de pueblo pobre, trabajador y de sectores populares de las clases medias.