La visita de Pompeo a El Salvador o el sometimiento del gobierno a los designios del imperio.

El gobierno de El Salvador ha ido cubriendo las expectativas del gobierno de EEUU y de la propios sectores la oligarquía salvadoreña al distanciarse de la política exterior impulsadas por los gobiernos del FMLN.

La reciente visita del secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo lo ratifica.  Durante otros encuentros que realizó en América Latina, como sucedió con sus visitas a los gobiernos de Ecuador y Colombia,  sus respectivos mandatarios fueron tratados por el representante de Donald Trump como verdaderos lacayos. Tal lo ocurrido con el presidente de El Salvador.

Y es que de acuerdo a las principios protocolares, las entrevistas en estas visitas deberían corresponder al nivel del cargo que el visitante tiene, o sea el de Canciller o Ministro de Relaciones Exterior, como ocurrió con la visita de Pompeo a México, donde fue recibido por su homólogo, el canciller de México y no el presidente. Eso fue lo que no pasó en El Salvador, Ecuador y Colombia, y  refleja el nivel de sometimiento que tienen esos gobiernos a los EEUU.

Llama la atención que al dia siguiente de la visita de Pompeo a El Salvador,  la canciller salvadoreña declarara que no reconocía al gobierno legítimo  de Venezuela, ni al presidente Nicolás Maduro a quien califica como dictador.

En sus antecedentes, la titular de la política exterior salvadoreña, revela haber trabajado directamente con el actual secretario general de OEA, Luis Almagro, quien ha manifestado su clara simpatía por el presidente Bukele y, por supuesto, es parte del coro de serviles que claman por una intervención militar en Venezuela y reconocen el gobierno del auto proclamado Juan Guaidó, promovido  por el gobierno de EEUU.

Entre los temas centrales abordados por Pompeo y Bukele figuró el de la seguridad, y eso implica un conjunto de aspectos que van desde la migración, el narcotráfico y la relaciones exteriores del país.  Por supuesto, esto a cambio de una hipotética ayuda que dará el gobierno de EEUU, o una aparente inversión, ya que -como dice el presidente salvadoreño-  él no quiere que le regalen nada, él quiere ganarse a pulso las prebendas cumpliendo con las tareas que le asigne la Casa Blanca. 

Es importante ver como el gobierno de Bukele, en medio de su constante campaña mediática, tiene que demostrar su eficacia;   en el terreno de la seguridad es claro que el combate a la pandillas y el narcotráfico puede ayudar a justificar el reforzar militarmente con presencia de tropas gringas, tanto en el combate a la pandillas como la posibilidad de establecer una nueva base militar en el departamento de La Unión, supuestamente para combatir el narcotráfico. En este contexto se puede explicar  la  próxima  llegada de una embarcación militar de un costo de más 50 millones de dólares para actividades de patrullaje. 

La alegría de la embajadora de EEUU, Jean Elizabeth Manes, no se disimula, y manifiesta sentirse muy satisfecha con el actual gobierno en El Salvador. Es claro que ha cimentado los lazos de esta relación de dependencia y sumisión del gobierno de El Salvador al de Washington,  y que Bukele se siente claramente identificado con los intereses de los norteamericanos.

Hoy la soberanía de El Salvador está más comprometida de nunca, la autodeterminación y la independencia ya parecen cosa del pasado. Las “nuevas ideas” del gobierno evidencian que no le importa ni le preocupa su clara alineación a los designios del gobierno norteamericano. Claro,  esperando una recompensa prometida.