Amauri Chamorro

-gAZeta | PREGUNTAS A-

Amauri Chamorro se dedica a la comunicación política desde hace más de dos décadas y es uno de los principales asesores en comunicación de la izquierda latinoamericana. Hoy asesora movimientos, partidos y gobiernos progresistas en prácticamente todo el continente. Se encuentra de visita por Estocolmo para hablar sobre la guerra judicial, la llamada lawfare, de la derecha y de los aparatos judiciales contra líderes de izquierda latinoamericana. Según el analista, los sistemas judiciales son cooptados para sustituir a los partidos políticos en el enfrentamiento contra las fuerzas progresistas y para desmontar el Estado de derecho.

¿Cuál es el momento político actual que vive América Latina?

Hace un par de años se hablaba de una restauración conservadora. De la vuelta de gobiernos de derecha a las presidencias de las repúblicas o a las mayorías de los parlamentos de nuestro continente. La definición del fin del ciclo progresista venía de la mano de una matriz informativa de los medios de comunicación que intentaban crear ese fin de ciclo. Se comienza a implementar una estrategia comunicacional y judicial para impedir el equilibrio en la disputa electoral y así permitir que la derecha volviera a ganar elecciones. En algunos países, donde la derecha no tiene condiciones para ganar las contiendas electorales, se radicaliza el proceso de lawfare y la judicialización de los líderes de izquierda para impedir que puedan disputar las elecciones.

Ese es el caso del expresidente Lula, que está preso en este momento en Brasil y que fue impedido de participar en las elecciones presidenciales. También del presidente Rafael Correa, que podría volver al Ecuador a disputar la elección presidencial y ganaría en primera vuelta y en cualquier coyuntura. Gustavo Petro, candidato presidencial en Colombia, lideraba las encuestas al comienzo del año y a través de procesos judiciales y denuncias mediáticas acabó siendo derrotado en las urnas. También es el caso de Marco Enrique Ominami en Chile, que, faltando un año y medio de las elecciones presidenciales, tenía casi un 20 % sobre Sebastian Piñera, quien acabó ganando las elecciones.

-Existe una coyuntura politico-judicial que no permite una disputa equitativa. Y es muy importante que Europa y Suecia entiendan que se creó una matriz de supuestas denuncias de corrupción en contra de los gobiernos progresistas, sin generar pruebas reales, sin juicios justos, inclusive atropellando las constituciones de algunos países, para impedir que la izquierda continúe un proceso progresista o continúe ganando elecciones.

Pero lo de la corrupción no es solo una matriz comunicacional para neutralizar a su oponente. Es un problema real.

Corrupción hay en todos los gobiernos del mundo. Incluso en el de Suecia. Escándalos de corrupción, inclusive dentro del parlamento, utilización indebida de fondos, lavado de dinero, gente que no debería tener cuentas en paraísos fiscales. Eso es en todo el mundo, inclusive en América Latina. La diferencia está en la manera con que se combate y en la manera en que la sociedad y los medios de comunicación absorben ese fenómeno de la corrupción.

Seamos muy puntuales. En el caso de Lula se le acusa de que él había recibido un departamento en una playa de São Paulo como forma de pagos, de coimas, por permitir que consultoras brasileñas obtuvieran contratos. En ningún momento se ha conseguido, hasta la fecha, una sola prueba material, real, concreta, que el presidente Lula haya sido beneficiado. El presidente Rafael Correa en el Ecuador está siendo acusado de haber coordinado la tentativa de secuestro de un ecuatoriano en Colombia. Hasta la fecha, no se ha encontrado, no se ha presentado, una prueba material. El vicepresidente de la República del Ecuador, Jorge Glas, está condenado a 6 años de cárcel por supuestamente participar en un esquema de corrupción de Odebrecht. Hasta la presente fecha ninguna sola prueba ha sido presentada en contra del vicepresidente.

Los medios de comunicación que reciben información filtrada desde las fiscalías, descontextualizadas, crean una sensación de normalización del atropello del debido proceso, de la defensa amplia y estricta de los acusados. La gente recibe tanta información que al final dice, «ok hubo uno un caso de corrupción, no la han probado aún, pero yo sí creo que puede haber corrupción». Obviamente eso se refleja en una elección y en la aceptación de un gobierno. Eso se refleja en la percepción de la ciudadanía sobre la coyuntura político-social en la que estaría inmerso el país.

Hay una percepción que la llamada década ganada de gobiernos progresistas se acabó.

Esa es una evaluación equivocada. Los que sustentan esos análisis están equivocados. Si evaluamos los números concretos, acaba de ganar Andrés Manuel López Obrador la Presidencia en México. Fernando Haddad de Brasil, que sustituye al presidente Lula en esta elección presidencial, va a ganar las elecciones. En Ecuador ganó la izquierda. Lenin Moreno era un candidato de la Revolución Ciudadana, que después traicionó vilmente al movimiento y su electorado. Pero él era de izquierda. En Venezuela la izquierda ganó las elecciones. También en Nicaragua. En Uruguay hay un movimiento de izquierda en la Presidencia de la República. En términos numéricos se perdió en Argentina. En Brasil hubo un golpe parlamentario, destituyeron una presidenta que había ganado las elecciones. En términos numéricos la disputa esta equiparada.

Lo que ha sucedido es que se han caído los precios de los commodities. Hay una desaceleración forzada de China en su crecimiento económico y nuestros países, primarios exportadores, son impactados directamente por eso. Es grave la dependencia como exportadores de materia prima. En ese sentido la diferencia con la década ganada fue que por primera vez en la historia de nuestro continente los recursos naturales, los royalties, la explotación del cobre, del petróleo, del oro, del hierro fue enviado a un proceso muy profundo de cambio de estructura socioeconómica. Por primera vez, una gran parte de la sociedad tuvo acceso a la educación gratuita, a salud gratuita, tuvieron capacidad de recibir mejores créditos para comprar sus casas. En el caso de Venezuela, se han entregado más de 2 millones de viviendas gratuitas a la población. El presidente Lula pudo incluir a los sectores menos favorecidos en una clase media. 40 millones de personas pudieron emigrar de la pobreza hacia una clase media. En Ecuador, por primera vez, la clase media supera el tamaño de las clases menos favorecidas. Hubo un cambio radical demográfico en nuestro continente. Y eso es la década ganada. Es la utilización de esos recursos en el beneficio de la población. Ecuador fue premiado por la ONU, por la CEPAL, como el país que mejor invirtió sus recursos para la educación en el mundo. A partir de esa lógica nosotros podíamos ver que ese ciclo continuaría. Que habría ajustes porque se cayó el precio del petróleo y China desaceleró su economía. Pero en ese momento entra el proceso de lawfare para quitar de la presidencia a los movimientos progresista de nuestro continente.

¿Qué pasa con la derecha en Brasil? Hay una arremetida de una derecha conservadora y cristiana

En Brasil hay una derecha muy vinculada a la iglesia evangélica neopentecostal que tiene una agenda de moralización de la sociedad. Una agenda muy conservadora. Son absolutamente antiderechos civiles, no toleran la equidad de género, ni los derechos de las comunidades LGTBI. Quieren que la biblia este presente en el currículum escolar y que se cambien las leyes para que los ciudadanos puedan ir armados. Estas iglesias evangélicas brasileñas tienen un proyecto político. Ya el 30 % del parlamento brasileño es de evangélicos radicales de derecha. Se sustentan principalmente en los sectores más pobres de la población que ven en la fe una forma de tentativa, de superación de sus condiciones de vida. A su vez es instrumentalizada por la derecha económica brasilera y latinoamericana con la que tiene más puntos de encuentro que diferencias programáticas. Tienen un proyecto de ganar elecciones y ocupar espacios en los parlamentos. En algunos países han ayudado a ganar elecciones presidenciales. Como es el caso de Piñera en Chile, que fue electo con el apoyo de Jose Antonio Kast, un radical de derecha y cristiano fanático, que tiene un gran apoyo de la comunidad cristiana conservadora.

También está el fenómeno de la xenofobia que empieza a surgir en América Latina a partir de la migración de Venezuela, la colombiana y dominicana, la de Haití. Ya la migración en América Latina es prácticamente interna. Nosotros ya no exportamos tanta gente hacia Europa, hacia EE. UU. Los países del cono sur que no tienen grandes poblaciones afrodecendientes comienzan a recibir mucha gente de los países caribeños y se empieza a actuar de una forma xenofóbica, racista, hacia esas poblaciones. Ayudan a esto las empresas de comunicación que dicen que esto es el resultado del bolivarianismo, de la quiebra económica de Venezuela. El venezolano está siendo muy afectado, de manera injusta, en los países donde está llegando porque los tratan de manera xenofóbica y ha habido casos de agresión. Por ejemplo en el norte de Brasil ha sido terrible.

¿Cómo ves la disputa electoral en Brasil?

Yo te puedo asegurar que quien va a ganar la Presidencia de la República va a ser Fernando Haddad del Partido de los Trabajadadores (PT). Jair Bolsonaro, un exmilitar de la dictadura militar brasilera y representante de las iglesias evangélicas más radicales, tiene un techo muy bajo, un rechazo muy alto. Bolsonaro no puede crecer mucho más. Su actitud en contra de las mujeres, la forma de agresión de su discurso, ha hecho que casi el 60 % de la población femenina brasileña esté radicalmente en contra de él. Jair Bolsonaro no le gana a ningún candidato que pase a la segunda vuelta.

Fernando Haddad es el candidato que sustituye al presidente Lula por el PT. Tiene un voto duro petista entorno al 20 %. No dudo que Haddad pase a la segunda vuelta e incluso adelante a Bolsonaro y le dé la victoria a la izquierda nuevamente. Reconfirmando de que nunca hubo un fin del ciclo progresista y eso ayuda oxigenar y equilibrar la disputa por el continente. Brasil está entre las 20 economías más grandes del mundo, tiene un peso sensible, inclusive internacional. Vamos a ver el fortalecimiento del BRIC, vuelve el tema de UNASUR, que en este momento esta siendo bárbaramente atacada, y la CELAC. Brasil puede ayudar a coordinar al continente y llevarlo a una senda de unión para enfrentar las disputas económicas con la Unión Europea y EE. UU. 

Por Francisco Contreras


Amauri Chamorro: es ecuatoriano-brasilero. Analista político y comunicador social.

Fotografía principal, Amauri Chamorro, por Carlos Contreras, tomada de Internationalen.