Chávez Radical: “Soy enemigo del reformismo”

Publicerades den 25 mars 2018

Es útil recuperar la vieja conseja revolucionaria que advierte que “si no fuera por el reformismo la revolución hubiese triunfado a escala mundial”. Y es que históricamente las revoluciones no solo se han enfrentado a gigantes de siete leguas, oligarquías horrorosas o burguesías apátridas, sino que en su desarrollo orgánico, aparece en sus entrañas el reformismo, primero como una enfermedad asintomática, que luego subrepticiamente coloniza la totalidad del proceso revolucionario, hasta que una vez desahuciado, abandonado el proyecto de transformación radical, y desfigurados sus principios esenciales, terminan entregando el cadáver de la revolución a las huestes del capitalismo. Al hablar de reformismo no cuestionamos la necesidad de las reformas, medios útiles en todo proceso revolucionario. Enfrentamos si, la tentativa de convertir la simple reforma aislada e inocua, en el fin último del proceso político, descartando incluso la necesidad de transformación revolucionaria, y sustituyéndola por una aplicación paulatina de medidas, que palian las contradicciones sociales sin resolverlas estructuralmente, en su anhelo por construir una sociedad “nueva” sin aniquilar la vieja, de procurar cambios superficiales y evitar a toda costa enfrentar los intereses de las clases dominantes y por ende, evadir la confrontación contra los pilares fundamentales de la dominación capitalista. De esta forma, el reformismo disfraza su accionar con retórica revolucionaria, manipula las consignas y juega con las metas sociales mientras que en su realpolitik busca desesperadamente un diálogo fraterno con el enemigo histórico (o sectores afines), una negociación de élites y hasta un pacto de clases que les garantice sobrevivencia política así sea sobre de la desgracia, la miseria y la depauperación de las clases populares, que siguen sirviendo como soporte de un proyecto transformador prometido, pero devenido en una farsa que tarde o temprano termina retrogradando a las viejas formas de dominación capitalista. Ya Fabricio Ojeda detectaba el pernicioso veneno que el reformismo inocula a los procesos revolucionarios, y exhortaba: “abandonar el campo reformista y tomar el revolucionario significa decidirse a luchar sin temor alguno, tener seguridad de la victoria y desafiar, cual David, al gigantesco poderío reaccionario, como lo han hecho todos los verdaderos revolucionarios de la historia”. Chávez no obvió las advertencias históricas expresadas por cientos de revolucionarios y revolucionarias, y además presenció el sigiloso paso del reformismo que venía tomando cuerpo dentro de la Revolución Bolivariana. No en balde, en este nuevo episodio de Chávez Radical, el Comandante establece un símil con el gatopardismo, figura literaria derivada de la novela de Giuseppe Tomasi, para definir con claridad el efecto “encantador” del reformismo que busca cambiar todo para que en el fondo nada cambie.